PLAYAS DE LA ZONA COSTERA DE VENEZUELA

 

LA PENÍNSULA DE PARAGUANA - ESTADO FALCÓN

ARTE DE LAS MANOS POESÍA DE LA TIERRA

La Península de Paraguaná se encuentra situada en el norte del Estado Falcón, de la República Bolivariana de Venezuela, teniendo una superficie aproximada de 3.500 Km2. Enclavada en el mar Caribe, constituye la parte más septentrional de Sudamérica. De acuerdo a sus cronistas tradicionales, Paraguaná significa conuco en el mar, huerto entre las olas. Habitada a la llegada del español por grupos caquetíos –de la familia arawac- sujetos a la obediencia del diao Manaure, Paraguaná figura en los antiguos mapas de navegación de los hispanos con el nombre de San Román, por ser precisamente el día de ese santo, el nueve de agosto de 1499, cuando la tripulación de Alonso de Ojeda avistó el promontorio que los indígenas denominaban Chamuriana y que los europeos nombraron Pan de Azúcar de Santa Ana, el emblemático cerro de esta comarca de luz. Paraguaná se une a tierra firme venezolana a través del istmo de médanos, el mismo sendero que la une a la ciudad de Coro, centro colonial que le dio ser y razón a la península. Como bien lo apunta el historiador Carlos González Batista, Paraguaná conjuga todos los climas de la región coriana, desde el clima húmedo tropical de las alturas del Cerro de Santa Ana hasta las blancas arenas de las dunas de Bajabaroa. Hasta diciembre de 1.969 todo el territorio de Paraguaná constituía el Distrito Falcón, produciéndose a partir de esa fecha las divisiones de Carirubana y Los Taques. Pero culturalmente Paraguaná es una sola, unida por lazos ancestrales que hablan de una mixtura conformada por elementos caquetíos, hispanos y africanos que modelaron el ser del paraguanero a lo largo de trescientos años de historia. También por múltiples influencias venidas del Caribe que la rodea y le abre mil caminos a un universo azul. A excepción de las formaciones de Santa Ana, Tausabana, El Rodeo, Capuhana, Matividiro y Cocodite, el relieve de Paraguaná es relativamente plano, predominando la llanura. La vegetación xerofítica caracteriza a la zona. Si bien, el cardón es el árbitro del paisaje peninsular y su presencia se impone por doquier, se encuentran también árboles maderables como el curarí, el guayacán y el cuaguaro.. En el imponente azul del cielo paraguanero amanece el hermoso canto de turpiales, cardenales, chuchubes o gonzalitos.

ADICORA
En el Informe del Teniente Justicia Mayor de Coro, Pedro Felipe de Llanas, de 1768 se menciona a Hadicora como uno de los principales puertos de la jurisdicción coriana durante la Colonia. A comienzos del siglo XVIII era utilizado por los traficantes de esclavos del Real Asiento de Inglaterra, y después de 1730 por la Compañía Guipuzcoana. Puerto de tráfico de mercancías para Aruba, Curazao, Bonaire, y Jamaica, entre otros puntos del caribe, en 1821 el prócer Juan Garcés y Manzanos se apoderó en Adícora de la goleta curazoleña “Tres Amigos” al servicio realista. En 1874 tenía ocho casas, siendo algunas de ellas almacenes de firmas comerciales como la Boulton, la Boccardo y la Blhom. En esa misma fecha fue visitado el puerto por la dama francesa Leontine Perignon de Roncayolo, quien dejó una importante semblanza sobre la Paraguaná de finales del siglo diecinueve.

BARAIVED
En los apuntes del estudioso Pedro Manuel Arcaya se presenta el término Baraibed asociándolo a vocablos caribes y arhuacos. Durante la Colonia, las llamadas sabanas de Baraived fueron parte de los ejidos de la ciudad de Coro. Una de las primeras referencias sobre el pueblo la consigna el informe del Teniente Justicia Mayor Pedro Felipe de Llamas en 1768, donde se menciona como Baraibede, siendo una agregación del poblado de Santa Ana. Para esa fecha tenía una capilla y estaba habitada por blancos comunes, mestizos y negros. Teniendo como advocación a la Divina Pastora, cuya imagen describe el Obispo Mariano Martí en su visita de 1773, Baraived se conformó por agricultores y pescadores, algunos de ellos de origen canario y francés. Señala el historiador Carlos González Batista que durante la guerra de independencia existió en la localidad una casa fuerte. Pueblo con una tradición arraigada de amansadores y montadores de bestias, verdaderos hombres de a caballo, compenetrados con la lidia de animales.

BUENA VISTA
Al igual que otras composiciones de tierras de Paraguaná, el origen de la posesión de Guachaco o Buena Vista data de 1594. El poblado se formó por la multiplicación de aderechados en la posesión, quienes poseían apenas pocos recursos y rebaños. Así se constituyó el pueblo de San Juan Bautista de Buena Vista en 1724, cuando el Obispo Juan de Escalona y Calatayud concedió permiso para la erección del oratorio. Se menciona como el primer pueblo no indígena o de españoles de Paraguaná. De acuerdo a investigaciones históricas se ha llegado a señalar la numerosa presencia de familias extranjeras en la zona desde tiempos coloniales, principalmente de origen francés, entre cuyos apellidos españolizados podemos mencionar a los Ramón, Valén, Redilla o Revilla, Florido, Rosal o Rossell, Guiñán, Dumont, Brett, Tremont y Petit, entre otros. En Buena Vista pasó su infancia Juan Crisóstomo Falcón. Para finales del siglo diecinueve circulaba allí el periódico “Resurrección”, uno de los primeros en contar con imprenta propia en la península.

CABO DE SAN ROMÁN
Promontorio ubicado en la parte norte de Paraguaná, el cual constituye la parte más septentrional de tierra firme suramericana. Fue avistado en 1499 por la tripulación del conquistador español Alonso de Ojeda en su viaje por toda la costa del hoy territorio venezolano. Mencionado en crónicas del tiempo colonial, el cabo ha sido testigo del constante intercambio de Paraguaná con el inmenso azul del caribe. Ubicado en la posesión comunera de tierras de Imujo, perteneciente a la familia Toledo, en 1928 la Nación compró un lote de tierra de veinticinco por veinticinco metros a dicha sucesión para la instalación de un faro. Sin embargo, para 1929 existía sólo en Paraguaná el faro de Punta Macoya, proyectándose la construcción de los de San Román y Adícora. Desde el cabo pueden divisarse en días claros, hacia el norte las construcciones de la isla de Aruba, y hacia el sur el imponente monte de Santa Ana. También la hermosa ensenada de Puerto Escondido al este y el brillo de los médanos de Bajabaroa al oeste.

SAN JOSÉ DE COCODITE
De acuerdo a las investigaciones del historiador Carlos González Batista, la posesión de tierras de Cocodite fue compuesta por el teniente de gobernador de Venezuela Alonso Arias Vaca en septiembre de 1594 ante el gobernador Diego de Osorio. Las lomas de Cocodite ofrecen un clima agradable en horas de la tarde y una inmejorable vista sobre el litoral paraguanero. Tenía allí residencia el general León Colina, destacado caudillo coriano del siglo diecinueve. Rosa de los vientos, entre sus cardonales pasó su niñez, pastoreando cabras y comiendo semerucos, quien sería voz inmensa de Paraguaná y Venezuela, el cantor Alí Primera. Tierra alta y quebrada, con especies de vegetación endémica, por lo cual existe una reserva biológica administrada por la comunidad. En El Pizarral, sector de Cocodite, existe la tradición de la loza de barro desarrollada principalmente por la familia Urbina. El Pizarral se distinguió desde tiempos antiguos en el habla de sus habitantes por la presencia de un barro que ellos llamaron pizarra, con el cual las familias fabricaban tinajas y chiriguas, cantaros y ollas.

MIRACA
Pueblo de barro, del afán constante de sus habitantes puesto en la creación de útiles y enseres, de adornos y ornamentos salidos de la tierra, a Miraca se le menciona en las antiguas crónicas desde 1530. Lugar memorado en el canto épico de Juan de Castellanos, lugar de memoria en la vida de los indígenas caquetíos, en su centro se localiza una fuente de agua donde los caballos de la primera expedición del conquistador alemán Nicolás Federman saciaron la sed de caminos, aventuras y riquezas. En 1594 su territorio pasó a formar parte de los ejidos de la ciudad de Coro. Fue también el lugar de nacimiento y acción de destacados caudillos y hombres de acción como José de la Resurrección Valles, o de científicos como Víctor Raúl Soto. En 1830 se asentó en las cercanías del poblado el judío sefardí Josué Leví Maduro, ligado al comercio hebreo de Coro.

MORUY
La tradición señala que el origen de la denominación del pueblo se debe a un destacado jefe indígena del lugar. San Nicolás de Bari de Moruy se asienta en tierras adquiridas de la Corona Española por Alonso Arias Vaca en 1594. Su iglesia es uno de los monumentos más interesantes de la Colonia en Paraguaná, la cual fue doctrina de indígenas caquetíos, siendo reconstruida bajo los auspicios del sargento mayor Don Juan de la Colina hacia 1760. Personaje destacado del poblado fue el jefe Martín de la Chica, cacique caquetío que defendió a la ciudad de Coro ante la incursión patriota del Marqués del Toro. En Moruy circulaba en 1885 el manuscrito “Ecos Peninsulares”, uno de los primeros periódicos de Paraguaná. Nació allí Rafael Cayama Martínez, periodista, autor de una interesante bibliografía sobre personajes de la región coriana y ministro del gobierno de Juan Vicente Gómez. También el poeta Guillermo Croes autor del libro “Vendimias del Ayer”. Moruy es referencia regional por la celebración el 28 de diciembre del tradicional Día de los Locos.

PUEBLO NUEVO
El pueblo de la pura y limpia Inmaculada Concepción de María tiene al año de 1724 como el de su referencia documental más antigua. Uno de los primeros pueblos de españoles de la península, sus cronistas tradicionales señalan el origen de la denominación del asentamiento en que al ser trasladados los indígenas de Cayerúa al pueblo de Moruy, algunos pasaron a servir en las primeras casas existentes por lo cual al ser instruidos en las convenciones del español rememoraron a su pueblo viejo y nominaron por contraste y tradición al otro. Sin embargo, investigadores de la historia regional suscriben la posible existencia en el lugar de un villorio provisional en 1633 que daría paso al definitivo junto al oratorio. Centro de la vida cultural y política de Paraguaná hasta la sexta década del siglo veinte, Pueblo Nuevo fue la cuna de destacados intelectuales y políticos como Justiniano Madriz, León Bienvenido Weffer, José Trinidad Madriz, Arístides Tellería o Genoveva De Castro. En el sector El Recreo, cercano a Pueblo Nuevo, se asentó la familia Salas, desarrollando labores de agricultura y cría de caprinos y ovinos.

SANTA ANA
Localizado hacia el centro de la Península de Paraguaná, fue declarado Monumento Natural mediante Decreto Ejecutivo No. 1005, de fecha 14 de Junio de 1972. El cerro define a la península, siendo su máxima elevación con 850m de altura. Atalaya de los caquetíos que lo nombraban Chamuriana, fue quizás lugar sagrado de ritos y adoración, en cuyos alrededores pueden localizarse restos cerámicos y líticos de interés. Al iniciarse la etapa colonial, los indígenas paraguaneros que habitaban centros como Jurijurebo, Cayerúa, Miraca, Tomodore, Hurraque o Pipiacoa fueron agrupados en los alrededores de la elevación en los pueblos de doctrina de Santa Ana y Moruy. Allí se beneficiaban del agua que fluía del manantial localizado en las alturas del cerro para utilizarla en sus huertas y sementeras. En su Chamuriana resistieron también los indígenas defendiendo su fidelidad al Rey de España ante los intentos de sumar la Provincia de Coro al Movimiento de Independencia. Motivo de interés para científicos y estudiosos, el Cerro de Santa Ana fue explorado en el siglo diecinueve por investigadores como Karsten, Lugwin y Sievers, mereciendo también la atención de viajeros como la dama francesa Leontine Perignon de Roncayolo. Su cumbre esta constituida por tres picos que se extienden de este a oeste en el siguiente orden:

• El Picacho de Buena Vista
• El Picacho de Santa Ana (centro)
• El Picacho Moruy. (El más alto)

DE LAS MANOS SURGE
LA POESÍA DE LA TIERRA
Isaac Abraham López

De antiguo viene la tradición de la cerámica popular de Paraguaná. Ya en las crónicas de Indias, en textos de Pérez de Tolosa, Herrera o Castellanos, se menciona la fabricación de loza de tierra sin vidriar por parte de los indígenas caquetíos que habitaban la península. Herencia presente, viva en las manos de hombres y mujeres de pueblos paraguaneros que amasan el barro para hacerlo vida, milagro. Tradición y creatividad se funden para dar a la artesanía de Paraguaná un sello de calidad y belleza. La cerámica de Miraca, pueblo donde la mayoría de sus habitantes trabajan para lograr del barro piezas de especial ingenio popular. Petra Urbina aún mantiene en El Pizarral, cerca de San José de Cocodite, su particular forma de fabricación de enseres domésticos. Pero la poesía de las manos de Paraguaná no tiene que ver únicamente con el barro. En el sector de El Recreo, cerca de Pueblo Nuevo, vive Otoniel Salas, quien desde niño elabora tallas y esculturas que le han merecido el mayor reconocimiento. En Moruy, Enrique y Argenis Semeco elaboran sillas en madera de cardón, y la señora Olga Amaya fabrica muñecas de trapo donde lo ingenuo y lo simple se funden para hacer presente a la ternura. Francisco Guanipa, teje en el azul de Adícora redes de pescar, y en Buena Vista Edui Chirinos labra figuras en madera, mientras Manuel Segundo López ejecuta trabajos en cuero de chivo. Alfonso Briceño, trujillano radicado en Pueblo Nuevo, fabrica cerámica en material de gres, y en Baraived puede encontrarse a Iván Quintero, artesano caraqueño enamorado de los soles paraguaneros, que elabora esculturas en madera y tallas de taparas. Así, con las manos, construyen tributos a la vida.
 

ARTE DE LAS MANOS POESÍA DE LA TIERRA

OLGA AMAYA
Nativa de la población de Moruy, desde muy temprana edad su mama le enseño el delicado oficio de confeccionar muñecas de trapos.

Vestidas de gala con los más bellos colores de tafetán y popelina, las muñecas de Olga esperan ansiosas las fiestas patronales de su pueblo para ser expuestas como las obras de una de la más destacada artesana de Paraguaná.

"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Olga Amaya

IVÁN QUINTERO
Nace en Caracas, el 10 de Noviembre de 1946. Autodidacta, artista plástico con 26 años de experiencia, destacándose ampliamente por su técnica de tallado en tapara, técnica que ha trasmitido a sus menores hijos. Para 1982 realiza esculturas en madera y piedra.
Sus obras han sido expuestas en los importantes escenarios regionales, nacionales e internacionales.
Iván Quintero, hijo adoptivo de Falcón es el único artesano en nuestra región que labora sus esculturas con una sola mano.
"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Iván Quintero

OTONIEL SALAS
Nace en pueblo nuevo de Paraguaná, estado falcón, en el año 1970. Las esculturas de este joven artista, de formación autodidacta, se caracteriza por la perfección en el detalle y las texturas logradas principalmente en piedra y madera. Desde 1989 hasta la presente fecha ha realizado exposiciones colectivas a nivel regional, nacional e internacional, en museos, galerías y otros espacios expositivos de renombre. Conocido por sus famosas esculturas en bastones, Otoniel Salas en su obra nos demuestra que es un excelente representante del ingenio y la creatividad del falconiano.

PERUCHO VARGAS
Hijo de Juan Vargas y de Juliana Delgado, nació hace 84 años en la población del Hato. Desde el año 1941 reside en Adícora, dedicado a la fábrica de chinchorros y redes de pescar, “este viejo lobo de mar” es uno de los más destacados en la pesca artesanal.

"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Perucho Vargas

RUPERTO GUTIÉRREZ
Ruperto Jesús Gutiérrez Colina, de nacionalidad Venezolano y de profesión Artesano Cardonista. Nació en el pueblo de Paraguaná específicamente en un caserío llamado Sacuragua; y es el mayor de sus 7 hermanos. Ruperto Gutiérrez se destaco o descubrió el don de la artesanía a muy temprana edad, exactamente a la edad de 10 años ya que sus padres eran de escasos recursos. Ruperto se caso con carmen Teresa Romero Petit, una excelente dama, madre, amiga y compañera. de este matrimonio nacen dos hijos varones, de los cuales solo el menor; Antonio Gutiérrez Romero, es quien junto a su padre mantienen esa huella del tiempo, o la tradición de las sillas de cordón. Actualmente Ruperto Gutiérrez tiene 75 años y vive junto a sus dos hijos y sus hermanas en el sector Providencia de Pueblo Nuevo en Paraguaná, lugar donde junto a ellos continúan el legado de sus ancestros en la elaboración de piezas artesanales en madera de Cardón y cuji, junto al tejido de estas en hoja de maíz, carrua y palma de coco, los cuales constituyen los muebles típicos de la zona.

"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Ruperto Gutiérrez

MANUEL SEGUNDO LÓPEZ
Nace en Paraguaná, artesano en cuero de chivo, curtiembre que le ha permitido recrearse en el paisaje paraguanero, plasmándolos de manera ingenioso en sus obras las cuales recorren Venezuela y el exterior en importantes exposiciones.
Aprende el oficio a través de diferentes talleres realizados.

"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Manuel Segundo López

YANETH RENDÓN
Nace el 28 de Marzo de 1960. Desde los 21 años se ha recreado en la calidez del barro de su tierra natal, bajo las sabias enseñanzas de su abuela Mamachica locera por tradición. Jannett elabora las más bellas muñecas con hermosos nombres, las cuales al sur de la iglesia de Miraca canta en coro la alegría de haber nacido de sus manos.

"Los artesanos somos quienes mantenemos esa huella del tiempo para el tiempo" Yaneth Rendón



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JOSEFA CAMEJO DE PARAGUANÁ
SOBRE LOS PROCESOS ARTESANALES
DE LA PENÍNSULA.